La socióloga especializada en Criminología, Laura Etcharren, alertó sobre Karkubi -fusión de hachís y clonazepam– quizás en la Triple Frontera, el 28/09/2023, con un extenso texto en redes sociales. Ella anticipó, aquella vez, que Karkubi ya estaba en América Latina junto con otros estupefacientes tales como Nitazenos y Captagón. En 2025 cabe preguntarse qué trabajo preventivo hicieron desde entonces las fuerzas de seguridad especializadas en lucha contra el narcotráfico.
Leo H. Sternbach, químico polaco (aunque hoy día la ciudad donde nació es Croacia), que emigró a USA cuando llegaron los nazis, lideró el equipo del laboratorio Hoffmann-LaRoche que inventó las benzodiacepinas, que se utilizan como antiepiléptico y contra cualquier trastorno de ansiedad porque actúan sobre el sistema nervioso central, con propiedades ansiolíticas, anticonvulsionantes, miorrelajantes, sedantes, hipnóticas y estabilizadoras del estado de ánimo.
Por ejemplo, el clonazepam, que sintentizó en 1962. Está prohibido con mezclarlo con alcohol o consumirlo antes de conducir vehículos o maquinaria. Hay varias marcas de clonazepam: Rivotril (de Roche), Kriadex, Klonopin, Coquan, Clonagin, Clonex, Diocam, Linotril, Paxam, Zatrix….
El karkubi es una droga originaria de Marruecos, elaborada a partir de la fusión de hachís y clonazepam, que mezclado con alcohol o pegamento pueden generar estimulación y alucinaciones.
Es de fácil acceso y mucho más barata que la cocaína o la heroína o el LSD.
Septiembre 2023
Aquí aquel texto de Laura Etcharren en X, desde su cuenta @etcharrenlau:
El narcotráfico nunca dejó de funcionar en el mundo.
No hubo restricciones por COVID-19 que lo limitasen, fronteras que impidiesen el tráfico, ni fuerzas de seguridad que contuviesen a la actividad no esencial que, a pesar de lo que muchos dicen, supo hacer una diferencia económica durante los confinamientos, ajustándose a las necesidades de consumo y a las debacles financieras.
La ingeniería de nuevas drogas es una constante en el mundo narco. Cada economía tiene su droga y en la voracidad adictiva los estupefacientes rebajados escalan a las economías más acomodadas por su alto poder adictivo. Algo que no sucede a la inversa porque el consumo de las máximas purezas es inalcanzable en los estratos más pobres.
Karkubi tiene la particularidad de no ser una mezcla con base de cocaína. Su base es el hachís y sus valores son los psicofármacos de Europa. Mezcla que aniquila la psiquis.
Un triángulo atroz /Marruecos/Argelia/España cuyo impulso se desató en la pandemia y ya penetró en los grandes centros urbanos. Producción y consumo. Consumo y producción.
Hachís con diazepam y lorazepam, aunque en la actualidad se opta por el clonazepam y el fenobarbital. Drogas psicoactivas que se suman al alcohol y pegamentos.
La mezcla de hachís con Rivotril es sumamente peligrosa. Alucinaciones, pasando por conductas alteradas, agresividad, psicosis y un epílogo de pérdida de la memoria en la caída de los efectos.
Karkubi creció, como toda droga, frente a la abulia de las autoridades. Lo mismo que Captagon en Siria pero a base de cocaína.
Los comprimidos de Karkubi se producen en los laboratorios clandestinos de Marruecos y Argelia con todo lo necesario importado de España.
Se la conoce como ‘la droga de la pobreza’ pero poco a poco escala y se la consigue a partir de los 4 euros en el marcado narcomenudista.
Una droga, al igual que Captagon, que puede tener como próxima parada América Latina.
Recordemos que ya tenemos hachís en la Triple Frontera de la mano Afgana y Marroquí; y que allí no faltan insumos de rebaje llegado el caso. Además, la influencia narco magrebí está en Argentina con conexión Marsella.
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