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Niñeras robot frente al «suicidio de Occidente»: expertos abordan el «colapso» de un mundo sin niños

Autor: Jose Maria Carrera Hurtado

La caída distópica de un Occidente desértico y sin niños, una amenaza mayor que la peste negra o la Guerra Mundial, desiertos envejecidos con 4 niños donde hoy hay 100 o incluso niñeras robot: expresadas en redes sociales, estas ideas pueden sonar a desvaríos, pero si quien lo vaticina es Mads Larsen, entonces quien lo lea debería preocuparse.

Investigador noruego en la Universidad de Oslo, Larsen es doctor en Filosofía y ha dedicado buena parte de su investigación a la sociología demográfica, especializándose en todo lo relativo a la natalidad, fertilidad y crecimiento o reducción de la población.

Recientemente ha abordado su consideración y perspectivas nada alentadoras en torno al invierno demográfico en una entrevista con National Catholic Register a raíz de la reciente publicación de Stories of Love from Vikings to Tinder -Historias de amor desde los vikingos hasta Tinder-. Un libro donde, al margen de proclamas políticamente correctas, profundiza en la caída de las estructuras familiares basadas en el parentesco, el surgimiento de las familias nucleares, la revolución sexual de 1960 o, en último término, el colapso demográfico impulsado en buena parte por el feminismo contemporáneo y que se ceba en el llamado primer mundo.

Sus afirmaciones rotundas comienzan desde la primera pregunta que la corresponsal Solène Tadié le dirige en torno al principal factor desencadénate de la crisis demográfica.

Mujeres “libres” para elegir

“Somos las primeras sociedades de la historia de la humanidad en tener mujeres libres”, responde categórico refiriéndose al creciente peso de la mujer en la decisión de cómo estructurar las relaciones de pareja.

Los estudios y encuestas le dan la razón. Recientemente, la aplicación de citas Happn encuestó a 1200 usuarias de todo el mundo y las conclusiones hablan por sí solas: el 85% afirmó sentirse libre para elegir el tipo de relaciones que desean, romántica o casual y esporádica y el 76% ya no busca cumplir expectativas sociales, sino centrarse en su crecimiento personal y satisfacción propia. Dos conclusiones que desembocan en relaciones donde la estabilidad o los hijos no son la prioridad.

El sociólogo considera estos datos como una muestra de que la modernidad ha generado lo que hoy se llaman primeras mujeres libres o empoderadas. El problema, agrega, es que “no hemos adaptado nuestra sociedad para integrar esa libertad con tasas de reproducción suficientes”, desacompasándose la “libertad” de la mujer con la sostenibilidad demográfica.

“Occidente corre el riesgo de desaparecer”

El riesgo es evidente y de nuevo, Larsen lo expresa categórico: “Si la fertilidad no aumenta, [Occidente] corre el riesgo de desaparecer, dejando solo a aquellas sociedades con tasas de natalidad sostenibles -África, Oriente Medio y ciertos países asiáticos- como posibles sobrevivientes”, pero con una comprensión muy diferente en lo relativo a la “libertad” de las mujeres.

Preguntado por cómo Occidente llegó a crear un sistema que parece ser hostil a su propia supervivencia, se refiere como raíces remotas a un marco cristiano que, si bien “sentó las bases para una mayor autonomía femenina”, esta fue “más allá” de lo sostenible.

“La crisis que experimentamos actualmente es un desarrollo muy posterior. El cambio fundamental se produjo cuando las condiciones materiales de la sociedad se alinearon con las aspiraciones de la elección individual de la pareja”. Factor este último que es, a su juicio, “el deseo más profundo del individuo occidental”, y no “el derecho al voto o que la mujer trabajase en oficinas”.

“Junto a estos cambios materiales -prosperidad económica y la píldora anticonceptiva-, la idea de que las relaciones deben basarse en la realización personal y no en la obligación se generaliza en el siglo XX. La libertad de las mujeres de hoy día es, en parte, resultado de estos procesos históricos, pero su plena implementación requirió avances económicos y tecnológicos que no llegaron hasta mediados del siglo XX”, explica.

Donde antes había 100 niños, ahora habrá solo 4

Aterrizando en el invierno demográfico del que cada vez más alertan, Larsen no teme referirse a ello como “el desafío más grave que Occidente haya enfrentado nunca” y asegura “con certeza matemática” que “no sobreviviremos a la disminución de la fertilidad”.

“Es peor que las erupciones volcánicas, peor que la Segunda Guerra Mundial, peor que la Peste Negra, peor que cualquier crisis climática. Si no hacemos nada, las tasas de natalidad seguirán disminuyendo, amenazando la estabilidad económica y social”, alerta Larsen.

Stories of Love from Vikings to Tinder -Historias de amor desde los vikingos hasta Tinder, de Mads Larsen.

El investigador ilustra esta distopía con cifras representativas. Según sus cálculos, en tres generaciones Occidente habrá perdido al 96% de los niños, de modo que donde hoy hay 100 comenzando la escuela, dentro de tres generaciones, habrá cuatro.

La primera consecuencia estructural será sobre un modelo social y económico -capitalismo- que no está diseñado para esas condiciones.

Tinder o lo imposible de hallar “un hombre suficientemente bueno”

“Si no lo solucionamos, no tenemos ni idea de cómo reestructurar sociedades que se están reduciendo y colapsando. La escasez de mano de obra aumentará, lo que afectará la atención médica, la educación y otros servicios esenciales. Algunas regiones se convertirán en ciudades fantasmas”, alerta.

A grandes rasgos, sus conclusiones son tajantes y las expresa “como son”: “Casi todo el mundo moderno, con las excepciones que mencioné -África, Oriente Medio…etc- , avanza al unísono hacia la autodestrucción”.

Antes de pasar a las propuestas, el investigador alude al modelo de “parejas a la carta” surgido de aplicaciones como Tinder como uno de los grandes aceleradores del agravamiento de la crisis.

El investigador explica que hay dos modelos de atracción y formación de parejas, el estrictamente evolutivo de perpetuación de la especie y el de atracción, que fomenta las relaciones a largo plazo, permite desarrollar el apego y, en última instancia, fomenta la estabilidad.

Hablando de aplicaciones de citas como Tinder, observa que estas herramientas han ocasionado que “las mujeres, empoderadas por la tecnología, tengan un acceso sin precedentes a una amplia gama de parejas potenciales”; lo que ha intensificado las dinámicas de atracción promiscua -la que no favorece la natalidad-, al tiempo que les “resulta cada vez más difícil encontrar un hombre que consideren suficientemente bueno y que esté dispuesto a comprometerse”.

“Esto provoca retrasos en la formación de relaciones y la reproducción, lo que contribuye a la disminución de las tasas de fertilidad. El desafío radica en que las sociedades aún no se han adaptado a este nuevo mercado de citas de una manera que sustente el crecimiento poblacional y, al mismo tiempo, preserve las libertades individuales”, comenta el sociólogo.

¿Incentivos, tecnología… o Iglesia?

¿Hay alguna expectativa esperanzadora?

Hablando de propuestas, Larsen no se muestra especialmente confiado en las políticas de incentivos económicos o fiscales.

“Tienen un éxito limitado”, observa, cuestionando que “o bien su efecto es demasiado pequeño o bien el costo es insostenible”.

De este modo, propone combinar estas y otras políticas con “cambios sociales más radicales” e, incluso, arriesgados, como sería el “aprovechamiento de la tecnología del futuro” para aliviar las cargas de la crianza. Algo que, si no posible, podría plantearse según Larsen en caso de que Elon Musk cumpla sus expectativas de producción de millones de sus robots humanoides Optimus para 2040.

Las investigaciones indican claramente que muchas mujeres desearían tener más hijos de los que realmente tienen… Si el futuro de una mujer está materialmente asegurado, de modo que pueda disponer de todos los bienes y servicios y también de todas las niñeras robot que necesite para ayudarla con sus hijos, creo que podemos entrar en una era dorada de la reproducción. Pero tenemos que crear esa realidad”, aventura.

Tadié finaliza preguntando si la Iglesia tiene algo que decir al respecto. Para Larsen, el papel de la Iglesia será crucial en los próximos años:

“Necesitamos crear un mundo donde una mujer de veintitantos años considere sus opciones y concluya que tener tres hijos le brindará una vida mejor que quedarse soltera y sin hijos. Eso significa hacer de la sociedad un lugar donde las mujeres prosperen. Ahora que la mitad del trabajo está hecha, la Iglesia debería trabajar en la restauración de la reproducción para que podamos mantener tanto la libertad como la supervivencia demográfica”. 

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