Cuando pensamos en los libros más antiguos del mundo, es fácil imaginar epopeyas griegas o textos religiosos milenarios. Sin embargo, existe una obra aún más antigua que, según la arqueología, es el primer libro en la historia de la humanidad. Fue escrita en una lengua desaparecida, basada en mitos aún más antiguos, y plantea preguntas filosóficas que siguen vigentes hoy. Esta obra no solo inauguró la literatura, sino que dejó una huella imposible de borrar en la historia del pensamiento humano.
La epopeya que inauguró la literatura

Contrario a lo que muchos piensan, ni la Biblia, ni La Ilíada ni La Odisea ostentan el título del primer libro conocido. Esa distinción le corresponde a La Epopeya de Gilgamesh, una historia escrita en tablillas de arcilla hace más de 3.000 años, en lengua acadia, por el autor babilonio Shin-Leqi-Unninni. Esta narración se basa en tradiciones orales sumerias aún más antiguas, lo que la convierte en una ventana única al pensamiento y los valores de la primera civilización humana.
La historia sigue a Gilgamesh, rey de la ciudad sumeria de Uruk, quien inicia su camino como un líder tiránico y arrogante. Todo cambia cuando conoce a Enkidu, un hombre salvaje creado por los dioses para frenarlo. La amistad entre ambos transforma a Gilgamesh, y tras la trágica muerte de Enkidu, el rey emprende una búsqueda desesperada por la inmortalidad. Esta travesía lo lleva a enfrentarse con los límites de la condición humana y a aceptar su destino como mortal.
Un legado que desafía el tiempo
Más allá de ser un hito arqueológico, La Epopeya de Gilgamesh tiene un peso literario y simbólico enorme. Está considerada como la primera gran obra literaria de la humanidad, y muchos estudiosos han identificado en ella los primeros arquetipos del héroe clásico, además de planteamientos filosóficos que aparecerán siglos después en textos religiosos y filosóficos.
La estructura narrativa, los temas universales que aborda —la amistad, la muerte, el miedo al olvido, la búsqueda de sentido— y su estilo poético han influido de manera profunda en obras como La Ilíada y La Odisea de Homero, e incluso en fragmentos del Antiguo Testamento.
No es una coincidencia que muchos pasajes de La Epopeya de Gilgamesh se parezcan a relatos bíblicos como el diluvio universal, ya que ambas tradiciones beben de fuentes comunes del mundo mesopotámico. Este paralelismo demuestra que la literatura, desde sus inicios, ha sido una herramienta para explorar los grandes dilemas humanos.
Más que una historia antigua: una reflexión eterna
La relevancia de esta obra no se limita a lo literario. La Epopeya de Gilgamesh también es una pieza fundamental para entender el pensamiento humano antiguo, sus temores, esperanzas y la necesidad de trascendencia. Fue escrita para ser recordada y, miles de años después, sigue cumpliendo esa misión.
Para muchos arqueólogos y expertos, esta epopeya representa el nacimiento de la conciencia escrita, es decir, el momento en que los humanos comenzaron a plasmar no solo hechos, sino también emociones, conflictos internos y preguntas que aún nos hacemos hoy.
En un mundo donde todo parece efímero, el hecho de que una historia escrita en tablillas de arcilla siga hablándonos hoy es un recordatorio poderoso de que los grandes relatos nunca mueren, solo esperan ser leídos de nuevo.
Fuente: Diario Uno