Se cumplen 120 años sin Julio Verne, que ha dejado un legado de expediciones y tecnología
Su fe en el progreso y en las aportaciones de las revoluciones industriales impregnó toda su obra. Su afán por las aventuras y la tecnología en sus inventos literarios le llevó a consagrar su trayectoria. Un escritor del mundo del siglo XIX, que supo ver la realidad con ojos del siglo XX.
Jules Gabriel Verne (Nantes, 1828), conocido en los países hispanohablantes como Julio Verne, fue un escritor francés considerado por muchos como el padre de la ciencia ficción. Falleció el 24 de marzo de 1905, hace 120 años y a la edad de 77.
Gran parte de su éxito está enlazado a la labor del editor Pierre-Jules Hetzel. De Hetzel se ha especulado si merece ser reconocido como parte creadora de la obra literaria de Verne, o más bien como un censor de la creatividad del escritor.
Pierre-Jules Hetzel
Con 35 años Verne ya había escrito varias obras de teatro y había publicado algún que otro relato. Sin embargo, no es hasta esa edad, en 1863, cuando su trayectoria literaria se encamina al legado que tenemos hoy del escritor. El autor galo conoce un año antes al editor Pierre-Jules Hetzel, que había trabajado con personalidades como Victor Hugo o Balzac. Escritor y editor mantuvieron durante 24 años un ‘tira y afloja’ que moldeó la obra de Julio Verne.
Un año después de su toma de contacto publican la primera novela de Verne, Cinco semanas en globo. El libro fue todo un éxito y en 1866 lanzan Las aventuras del capitán Hatteras, estableciendo el punto de partida de la colección Viajes extraordinarios, que encumbraría al escritor. Viajes extraordinarios era el cajón de una gran variedad de novelas de Verne en los que los inventos y la ciencia eran el eje vertebrador.
El papel de Hetzel en la obra de Verne
No está del todo claro cuál fue el papel de Hetzel en el proceso literario de Verne. En los primeros años de su colaboración el escritor aceptaba completamente las sugerencias y cambios que el editor proponía. Es el caso del final de Las aventuras del capitán Hatteras (1966), que se tuvo que cambiar porque no le convencía al editor. Otro ejemplo es la conocida como “novela perdida” de Verne, París en el siglo XX (1994), estuvo cogiendo polvo más de 130 años porque al editor le parecía demasiado pesimista y antimodernista.
Sin embargo, Verne le planta cara al editor con el borrador de Veinte mil leguas de viaje submarino (1869). No había acuerdo entre el pasado del personaje del capitán Nemo. Mientras que Verne quería que sus orígenes fueran una familia de nobles polacos asesinados por el ejército ruso, Hetzel abogaba por que fuese opositor al mercado de esclavos. Al editor no le convencía lo propuesto por Verne por temor a las posibles consecuencias diplomáticas. En esa época, Francia y el Imperio ruso eran aliados, lo que también podría repercutir en las ventas del ejemplar. Este pasado del capitán del Nautilus acabó descartándose. Sin embargo, en la novela el personaje hace referencia en un momento a una rebelión frustrada de un tal Tadeusz Kościuszko.
El ‘censor’ a la creatividad de Verne
Algunos teóricos sostienen que Hetzel actuó como un censor, imponiendo a Verne normas sobre cómo abordar la pedagogía, moralidad e ideología de sus novelas. Se puede observar la diferencia con novelas que se publicaron en otra editorial o tras la muerte de Hetzel: los temas políticos desplazan a la ciencia y hay un humor más atrevido. Basta con comparar textos como Veinte mil leguas de viaje submarino con novelas que primero se publicaron en Le Temps, como Las tribulaciones de un chino en China (1879).
Sin embargo, los especialistas también ensalzan el papel del editor en su labor de pulir y profundizar en la estructura, personajes y referencias. Un ejemplo es la célebre La isla misteriosa (1874), que tras muchas revisiones editoriales rescató al personaje del capitán Nemo. Muchos aseguran que es la obra maestra de Verne, a pesar de sus incongruencias temporales y científicas.

Los adelantos científicos de Verne
A pesar de algunos ejemplos de escaso rigor científico, el atractivo de la obra de Verne precisamente reside en su universo de ciencia y aventuras. Frecuentemente se habla de los adelantos que Verne incluyó en sus textos, como por ejemplo la red de internet. En París en el siglo XX (1994) habla de “una red telegráfica que cubría ya la superficie completa de los continentes y el fondo de los mares”, utilizada para las comunicaciones.
En Los quinientos millones de la begún (1879), describe un tipo de proyectil que recuerda a la bomba de racimo. “Contiene cien cañoncitos simétricamente dispuestos, embutidos los unos en los otros, y que después de haber sido lanzados como proyectiles, se convierten de nuevo en cañones”. También aparece un invento similar a la videollamada: “Comunicó instantáneamente su llamada a los locales donde habitaban todos los miembros del Consejo. En menos de tres minutos, la palabra ‘¡Presente!’ anunció que estaba en sesión del Consejo”.
La popular Veinte mil leguas de viaje submarino (1869) adelantó el invento del submarino con la nave Nautilus del capitán Nemo. Por otra parte, ya había varios autores más precoces que él en cuanto a los viajes a la Luna, incluso con alguna forma de transporte, como Edgar Allan Poe en La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall (1835). Verne introdujo una forma de propulsión más realista -aunque no completamente- que sus predecesores en De la Tierra a la Luna (1865): el cohete es disparado por un gran cañón.
¿Qué diría Julio Verne de la Inteligencia Artificial?
En la película Interstellar (2021) –de Christopher Nolan– Donald, el yerno del protagonista Cooper, le dice a este: “Naciste 40 años demasiado tarde, o 40 años demasiado temprano”. Lo mismo le pasó a Verne, que se quedó sin poder interactuar con la Inteligencia Artificial. Sobre la IA, es posible que el escritor francés se cubriese las espaldas: su fe en el progreso no le impediría cuestionar los dilemas éticos que el uso de esta nueva herramienta supone.
Ya lo hizo en más de una ocasión en sus novelas. En París en el siglo XX (1994) se vislumbra una sociedad moderna y tecnológica, pero con una atmósfera fría y pesimista. Verne también contempla el uso de la ciencia para fines no tan nobles. Es el caso de la sed de venganza del capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino (1869).
La imaginación de Julio Verne y su interés por el avance tecnológico llevaron al escritor por caminos increíbles. Viajes en globo, en submarino, en cohete con el objetivo de descubrir el centro de la tierra, ganar una apuesta a los amigos o visitar la Luna, entre otras muchas historias. Un escritor que ha conseguido incluso adelantarse a los avances de su tiempo y que se ha consagrado como uno de los referentes de la ciencia ficción.