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Javier Cercas: “Un loco sin dios (yo) va en busca del loco de dios (el Papa)”

Autor: Ignacio Vidal-Folch

Este lunes, en la sede del Instituto Cervantes, en Madrid, Javier Cercas, acompañado del editor Miguel Aguilar, presentó en rueda de prensa su nuevo libro, El loco de Dios en el fin del mundo (Random House). Un libro, bajo la advocación de una frase de William Faulkner –“Más allá de la derrota hay una victoria de la que el triunfador nada sabe”–, basado en un viaje a Mongolia del autor, “incrustado” en el séquito del Papa Francisco, por invitación de este mismo.

Y también detonado por el deseo del escritor, ateo confeso, de poder confirmar o negar la esperanza de su recientemente fallecida madre. Esta, explicó Cercas, era fervientemente católica, y tras quedarse viuda estaba plenamente convencida de que cuando a ella le llegase también la hora de partir se reuniría en el más allá con su marido, según la promesa del cristianismo de la resurrección de la carne.

Reproducimos a continuación la introducción del autor a la rueda de prensa, y a renglón seguido las preguntas de los periodistas y sus respuestas.

¿Cómo llegó usted a conocer al Papa?

Hace dos años, en mayo de 2023, yo estaba en el salón del libro de Turín, firmando libros, y la editora me dijo: “Hay aquí un señor del Vaticano que quiere hablar contigo”. Semanas ante me habían llamado del Vaticano para invitarme a un acto del Papa, siguiendo la tradición que estableció Pablo VI y que todos los Papas sucesivos siguieron: por lo menos una vez en su papado se dirigían a los “artistas”: escritores, hombres de letras en general, no sé si pintores. Pero no, no se trataba de eso.

El responsable de la editorial del Vaticano me dijo: “A finales de septiembre el Papa viaja a Mongolia, y hemos pensado que le interesaría viajar con él, y también le abriremos las puertas del Vaticano para que hable usted con quien quiera y escriba lo que quiera. Esto es algo que no hemos hecho nunca, esperamos que le interese”. Yo estaba perplejo. Yo soy católico de familia y educación, somos todos aquí cristianos, como dijo Croce, no podemos negar que somos cristianos. Todos venimos de Sócrates y de Cristo. Soy ateo y, como el papa, anticlerical, por paradójico que les parezca. Este anticlericalismo es un elemento fundamental en su visión de las cosas. En fin, para escribir este libro he hecho muchas preguntas a mucha gente del Vaticano, la única pregunta que no he hecho en estos años es por qué pensaron en mí. Lo que sí sé es que ningún escritor hubiera rechazado la propuesta.

Javier Cercas: materiales (narrativos) para una poética

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¿Este libro supone un brusco cambio en su trayectoria, últimamente marcada por la trilogía de sus novelas policiales, un regreso a sus novelas-ensayos-crónicas anteriores, como El impostor o Anatomía de un instante?

Este es un libro muy distinto de todos los míos, pero mentiría si dijese que no había pensado nunca en escribir sobre religión. Es un libro mestizo, híbrido, es crónica, ensayo, biografía, autobiografía, libro de viajes… Trata sobre qué ocurre hoy en la Iglesia, esta institución determinante en dos mil años de historia. Y sobre cómo hoy el centro del cristianismo ya no está en Europa, está en África, en América. ¿Qué pasa en el Vaticano ante este desplazamiento, digamos, de su centro de gravedad?

También es un ensayo poliédrico sobre el Papa. Hablé con mucha gente, prefectos (ministro del Vaticano), con cardenales, con el intelectual del Papa, con el amigo íntimo del Papa o la mujer más poderosa de la Iglesia, con vaticanistas, con misioneros en Mongolia, etc. etc. Y en el centro de esas conversaciones está siempre Francisco y qué ocurre en la Iglesia.

Es una autobiografía, también, pues, como muchos de mi generación, en un momento dado dejé de ser católico. He querido saber: ¿Cuál es nuestra relación con la religión, con el catolicismo? De esto también habla el libro.

Yo lo llamo una novela sin ficción: sé que es un marchamo discutible, pero puedo explicarlo. Primero porque trabajo como un novelista, no como un articulista o ensayista. Y sobre todo a esta mezcla de géneros sólo le puedo llamar novela, un género de géneros, capaz de integrarlos y trascenderlos todos. Así nos lo regaló Cervantes y esta es la historia de la novela: cómo según pasan las épocas va devorando todos los géneros.

Además, otra relación con mis otros libros, incluso a la trilogía a la que usted se refiere: en El punto ciego reuní una serie de conferencias que di en Oxford. Allí argumento que todas las novelas, a su modo, pueden leerse como novelas policiales. En el corazón de todos hay un enigma que alguien intenta descifrar. Y en el caso de este libro eso es más evidente que nunca, porque nos enfrentamos a un enigma colosal.

El Papa Francisco: ‘El placer por el cambio’ “es un regalo precioso porque nos muestra un camino”

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En lo primero en que pensé al recibir la propuesta vaticana fue en mi madre, que era profundamente católica. Cuando mi padre murió, mi madre sostenía que después de morir se reunirían. Eso es exactamente lo que promete el cristianismo. Inmediatamente supe que un loco sin dios (yo) va en busca del loco de dios (el Papa) para preguntarle, hasta el fin del mundo, si el sueño de mi madre se cumpliría. El Papa, desde luego, es la persona más autorizada para responder a esta pregunta. Ese es el enigma central del libro, y de nuestra civilización. Es el final de la oración del Credo: “Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna”. Y añado que el que no tenga esa creencia ya dice San Pablo que no es cristiano.

¿Quién es el loco del título?

Obviamente el loco es el papa Francisco. Es un Papa especial. Es el primer papa jesuita, el primero suramericano, y asombrosamente es el primer papa que se llama a sí mismo Francisco, por san Francisco de Asís. Y Francisco de Asís se llamaba a sí mismo “el loco de Dios”. En cuanto al “fin del mundo”, Mongolia es simbólicamente el fin del mundo, pero además él, Francisco, viene del fin del mundo…. Recuerden su primera alocución, que la primera frase que dijo fue “Buenas noches a todos”, lo cual ya era novedoso. Luego dijo algo así como mis hermanos han ido a buscar al papa nuevo “casi al fin del mundo”. O sea, a la Argentina…

Yo soy un loco reprimido, pero en los libros me desmadro. Es la ventaja de los libros. Este es el libro más loco que he escrito. Lo protagoniza un loco, está lleno de locos… Porque para creer en esto es preciso, dice Francisco, estar un poco loco. Y yo añado que para irte de misionero a lugares donde casi no hay católicos, a 50 grados, para ayudar a los pobres… hay que estar un poco loco y tener un superpoder, que es la fe. Es imposible no admirar a esa gente.

¿Por qué se califica también a usted mismo de loco?

Me llamo “loco sin dios”, por el fragmento de Dios en La gaya ciencia de Nietzsche en que un loco sale a la calle con un farol encendido gritando “Dios ha muerto, Dios ha muerto y nosotros lo hemos matado”. Todo indica que el loco está desolado. Con razón, porque, como dice Iván en Los hermanos Karamázov, si Dios ha muerto, todo está permitido, la base de nuestra civilización ha dejado de existir.

¿Por qué los del Vaticano pensaron en usted?

Pensaron en un ateo, porque Bergoglio se caracteriza, como el misionero que no pudo llegar a ser por culpa de los problemas pulmonares que ahora aún le afectan, por ir a hablar no con su grey sino con quienes no son católicos. Tiene esa vocación. La idea era que un ateo como yo fuera a la Iglesia a contar qué es la Iglesia. Por su parte, un acto de coraje. Y ni siquiera me han pedido leer el libro antes de publicarlo.

¿Por qué decía antes que el Papa es anticlerical?

“El clericalismo es el cáncer de la Iglesia”, dice Francisco. Es creer que el sacerdote está por encima de los fieles. Él detesta esto. Está con los fieles. Él dice que el sacerdote tiene que estar por delante del rebaño para guiarlo, y dentro del mismo, y detrás para ayudar. Y todos los males de la iglesia vienen de quienes se creen por encima de los fieles. Por ejemplo, con los abusos sexuales, que son abusos de poder. Esta infatuación precisamente pasa en los países centrales del catolicismo, no en los extrarradios, no en las fronteras. Y vienen también, esos males, del constantinismo (del emperador Constantino), o sea la catástrofe de la unión del poder político y de la religión. El cristianismo no es una religión del poder. Eso es el clericalismo. Y el cristianismo no puede ser eso. Dice Cristo “no vine a traer paz, sino espada”. Lo crucificaron por insubordinado, por peligro público.

¿Hay en el libro una respuesta a si hay resurrección de la carne?

El Papa responde a esa pregunta, al final del libro, y de una manera inesperada.

¿Cómo es el Papa, ahora que lo ha tratado usted?

Es un hombre de poder, con ambición, con una idea clara de lo que es o debe ser el catolicismo. Por eso lo eligieron. Conflictivo, que se puede confundir con autoritario, y tuvo muchos problemas por eso en Argentina, como arzobispo de Buenos Aires. Es un hombre complejo, en permanente lucha consigo mismo, muy consciente de sus propias flaquezas y defectos, que ha peleado a muerte contra ellos. Es un Papa capaz de pedirle a los cardenales “Recen por mí”. Esto es insólito, lo nunca visto. Eso es lo mejor del personaje. Un Papa que hace una feroz reivindicación de la ironía y del humor. Él sostiene que lo más parecido a la gracia es el sentido del humor. Y uno de sus escritores preferidos es Chesterton, el católico humorístico por excelencia.

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