OKLAHOMA CITY – Pareciera que el gobernador republicano conservador de Oklahoma, Kevin Stitt, y el superintendente de escuelas republicano conservador del estado han apoyado en todo a Donald Trump durante los años que ha estado en el poder; el primero envió soldados de la Guardia Nacional de Oklahoma a la frontera con México y el segundo abasteció las escuelas del estado con Biblias de la marca Trump.
Pero cuando el superintendente, Ryan Walters, propuso encontrar en las escuelas de Oklahoma a los alumnos que viven ilegalmente en el país, Stitt dijo basta.
“Cuando vi que se metían con los niños, pensé que eso era ir demasiado lejos”, dijo Stitt en una entrevista reciente en su despacho del Capitolio estatal.
En una época de política en la que para la derecha del país todo vale, la lucha en Oklahoma puede sugerir que hay un límite máximo a lo que es aceptable, incluso para los conservadores. O podría ofrecer un anticipo de la próxima frontera en la batalla nacional sobre la inmigración.
“Es increíblemente desafortunado que el gobernador haya decidido socavar la agenda migratoria del presidente Trump y lanzarle este tipo de puñaladas”, declaró Walters. “Está atacando al presidente Trump”.
Todo empezó cuando Walters, superintendente electo de escuelas del estado, propuso nuevas normas que obligarían a las escuelas públicas de Oklahoma a recabar información sobre la ciudadanía de los alumnos. Las normas propuestas fueron aprobadas por el consejo escolar del estado en enero, y ahora están bajo el escrutinio de la Legislatura de Oklahoma.
Pero Stitt, cuya postura en materia de inmigración dista de ser blanda, arremetió de inmediato. Se apresuró a nombrar sustitutos en el consejo escolar, cuyos miembros son designados por los controles del gobernador, para poder oponer mejor resistencia a las propuestas del jefe de escuelas.
Stitt ha sido un firme defensor de la seguridad fronteriza, ha enviado soldados para ayudar a patrullar la frontera de Texas y se ha alineado para apoyar los esfuerzos de deportación de Trump. Pero en lo que respecta a actuar en contra de estudiantes, Stitt dijo que Walters, quien fue profesor de historia de educación secundaria protegido por el entonces gobernador, se pasó de la raya.
“Nunca he escuchado a Trump decir: ‘Oigan, vamos por los niños’”, dijo Stitt.
Stitt, que está en su último periodo como gobernador, dijo que había hablado con Walters para intentar disuadirlo. “Solo estás tratando de hacer una declaración política, de que tu nombre salga en el periódico”, recordó Stitt que le dijo. “Por eso la gente odia a los políticos”.
Walters, cuyo nombre ha figurado como posible candidato a gobernador el año que viene, no ha vacilado.
En su despacho del edificio de educación del estado, argumentó en una entrevista que su planteamiento coincidía bastante con el impulso de las políticas de Trump, como poner fin a la ciudadanía automática para casi todas las personas nacidas en suelo estadounidense y permitir que los agentes federales de inmigración entren en las escuelas. Agregó que un ataque a la propuesta de ciudadanía, era similar a un ataque al presidente.
Los objetivos de Walters parecen contradictorios. Recabar datos sobre el número de alumnos inmigrantes en las escuelas de Oklahoma ayudaría a proporcionar servicios lingüísticos, dijo. Pero también dijo que quiere calcular mejor el costo que suponen para los contribuyentes del estado los alumnos que viven ilegalmente en el país.
“Mi preocupación son los contribuyentes, los ciudadanos del país y de Oklahoma”, dijo. “Esas son las personas que están aquí legalmente, que votaron en las elecciones, que necesitan ser protegidas”.
Su oficina calculó que cerca de 5000 estudiantes inmigrantes asisten a escuelas públicas estatales, lo cual representa un costo de alrededor de 200 millones de dólares al año.
Los proyectos de ley presentados en varias legislaturas estatales, incluidas las de Texas y Nueva Jersey, se asemejan a los esfuerzos de Walters, ya que pretenden permitir que las escuelas cobren colegiaturas a los alumnos inmigrantes.
Dicha legislación, que probablemente sería impugnada ante los tribunales, parece estar dirigida a cuestionar el núcleo de una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de 1982, según la cual los estados no pueden impedir que los niños sin estatus legal asistan a las escuelas públicas. Esa sentencia ha estado en la mira de algunos republicanos en los últimos años, sobre todo a medida que el equilibrio de poder en la Corte Suprema se ha inclinado a favor de los conservadores.
Walters dijo que estaba a favor de anular el precedente. Stitt dijo que él no lo estaba.
Jackson Lahmeyer, pastor en Tulsa, Oklahoma, y miembro de la recién creada Oficina de la Fe de la Casa Blanca de Trump, dijo que le caían bien tanto el gobernador como el superintendente escolar, pero que se ponía del lado de Walters en lo que respecta a recabar datos sobre la ciudadanía.
“Esta es la agenda del presidente que ganó”, dijo Lahmeyer, cuya iglesia ha atraído a miembros de la familia y del gobierno de Trump. “Necesitamos saber si los estudiantes son ciudadanos estadounidenses o si no lo son”.
Stitt dijo que no se oponía a hacer cumplir la ley de inmigración, pero que le preocupaba que los padres que viven ilegalmente en el país pudieran mantener a sus hijos en casa, ante la posibilidad de verse obligados a revelar su situación migratoria.
“Los chicos no hicieron nada malo, es mi opinión”, dijo.
Stitt, empresario de una empresa hipotecaria que fue elegido por primera vez en 2018, sugirió que una mejor solución sería arreglar el sistema de inmigración, idea que se remontaba al Partido Republicano anterior a Trump, el de George W. Bush, para que las empresas que quisieran patrocinar a trabajadores extranjeros pudieran hacerlo legalmente con más facilidad.
La propuesta de ciudadanía de Oklahoma aún debe ser analizada por la Legislatura antes de que el gobernador tenga la oportunidad de bloquearla formalmente.
Tyler Powell, consultor político republicano en Oklahoma, comentó que, en privado, a los republicanos de la Asamblea Legislativa les molesta la medida. Públicamente, la mayoría de ellos han evitado entrar en la contienda. Los líderes de la Cámara de Representantes y del Senado no respondieron a las solicitudes de comentarios.
Powell mencionó que el giro hacia la derecha en las elecciones primarias republicanas de 2024 ha hecho que muchos se preocuparan por enfadar a Walters, que es popular entre el núcleo de la base republicana del estado.
“Todos temen un poco a Walters”, dijo. “Entre bastidores, se han asegurado de que las políticas de Walters no avancen, pero no quieren dar un paso al frente y dar la cara por sus votantes”.
c.2025 The New York Times Company