La asignatura de Religión ha sido objeto de debate y reflexión durante años. La discusión sobre su relevancia y su lugar en el sistema educativo está vinculada a cuestiones filosóficas, sociales y, por supuesto, a la diversidad de creencias y pensamientos que conforman nuestra sociedad.
En este contexto, surge la reciente noticia, recogida por los medios de comunicación de que la Consejería de Educación de Extremadura está trabajando para que la asignatura cuente el próximo curso con una alternativa para los estudiantes de primero de Bachillerato.
La asignatura de “Atención Educativa” se enfocaría en el desarrollo de competencias clave mediante proyectos y actividades que promuevan la autonomía, la reflexión y la colaboración entre los estudiantes. De esta forma, independientemente de su elección, todos los alumnos tendrían un horario lectivo de 30 horas semanales.
El hecho de que esta asignatura no influye hasta ahora en la nota media ni en el acceso a becas o en el expediente académico para la universidad puede interpretarse de manera ambigua. Por un lado, este enfoque elimina el factor competitivo, lo que podría haber restado interés a la asignatura de Religión en los últimos años, pero, por otro lado, podría también hacer que se perciba como una materia secundaria, sin la suficiente importancia en el desarrollo académico de los estudiantes.
El valor de esta asignatura no debería ser devaluado o subestimado. La enseñanza de la Religión ofrece nociones culturales, históricas, artísticas… E invita a la reflexión sobre cuestiones éticas, filosóficas y existenciales que son fundamentales para el desarrollo integral de los jóvenes. Al ofrecer una visión del ser humano en relación con lo trascendental, contribuye a la formación de una conciencia crítica y a la consolidación de valores fundamentales como la solidaridad, la tolerancia y el respeto por los demás.